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A 15 meses de un accidente que destruyó dos familias

Y un constante reclamo para que el Poder Judicial finalice su labor y deje de mirar para otro lado. Una justicia que parece sin espada, sin balanza y sin venda, que sería sin razón, sin equidad, sin objetividad, con favoritismos y sin independencia. No le hace bien a la sociedad floridense, ni a ninguna otra, el llegar a un punto donde se cuestione la confianza en un poder tan esencial como lo es el Judicial.

Hoy se cumplen 15 meses del accidente que causó las perdidas de vida de las jóvenes floridenses Lucía y Saraí.

Calles internas del parque Prado de la Piedra Alta, auto a mucha velocidad conducido por un joven, moto conducida por una joven llevando a otra de acompañante, chocan de frente muriendo una de las chicas en el lugar y la otra joven, días después en centro de salud.

Esto sucedió ya hace 1 año y 3 meses.

Existen muchos más datos determinantes de lo ocurrido.

Mortal dolor inolvidable en la familia de las chicas.

Indudablemente dolor en la familia del joven chofer imputado.

Destacable y sufrida lucha enorme y tenaz en busca de justicia por parte de la familia y amigos y amigas de las jóvenes.

Destacable e increíble respuesta social soberbia y provocativa, con pocos signos de arrepentimiento por parte del joven chofer, algún familiar y algún amigo.

Y como muy destacable, la inoperancia y permisividad de la justicia a la hora de desarrollar su labor.

No es necesario pertenecer a la clase académica ni jurídica para darse cuenta que el Poder Judicial en este caso está completamente fuera de foco.

Decimos eso para ser benevolente con un poder que consideramos esencial para sostener un estado de derecho respetable y respetado que sea artífice de nuestra democracia plena.

Sucede que la labor judicial está signada por hombres y mujeres que no son superhéroes sino simples y comunes seres humanos con una rica formación académica pero con los complejosavatares, circunstancias y conductas que refieren a la especie humana.

Y este caso es un ejemplo.

A casi un año y medio, esta no ha resuelto nada.

Nada.

Ha hecho y deshecho.

Ha llamado y devuelto.

Ha sugerido, ordenado, aceptado y vuelta a sugerir.

Que es igual a nada.

Y ahora mucho menos van a hacer por la excusa de la pandemia, aunque sepamos que se esté trabajando.

Un país que continúa solo haciendo en lugares esenciales, y determina que la justicia no lo es.

Algo tan preciado como la busca de la ecuanimidad al momento de resolver diferencias, algunas de suma gravedad como puede ser la muerte de dos pequeñas, u otra no tan grave pero también importante como la cuota alimentaria responsable de un padre que no aporta para que sus hijos coman, no parece ser esencial.

Carajo que estamos jodidos como Estado si no consideramos la justicia como esencial.

Pero en este caso de Lucía y Saraí muertas, no.

No solo no sabemos cuando se retomará el caso para definirlo de una buena vez.

Hay algo mucho más grave.

Sumado a la última presentación de un recurso por parte de los abogados defensores que dilataron lo que podría significar la definición y posible prisión del joven imputado y su regreso de nuevo a prisión domiciliaria, ahora se suma la extensión de mantener cerrado las sedes judiciales en prevención de contagios de Covid-19 hasta nuevo aviso.

Mientras no se juzgue al imputado, estos días que está en su domicilio, serán restados a los días respectivos si existieran en una condena a prisión.

Mejor dicho, si la pena es ser recluido en prisión un tiempo determinado, los días que pasó en su casa preventivamente son descontados de dicha sentencia.

Dicho aún para entendernos mejor, si la jueza dictamina 3 años de prisión efectiva, solo cumpliría 1 año y medio ya que es el tiempo que ha transcurrido en prisión domiciliaria.

Si dictamina 4, cumpliría 2 y medio, y así sucesivamente.

Por ello la familia también expresan dolor, no les parece justo.

Ya que está de moda, podríamos sugerir que a algunos integrantes del Poder Judicial les falta empatía.

Y este tema no es desearles lo vivan para entenderlo, porque es tan duro, tan grave, tan doloroso, que sería inhumano solo sugerirlo.

Si tuvieran empatía, ya estaría la resolución y cualquiera fuera, Lucía y Saraí descansarían y sus padres, sus abuelos, sus familias quizás encontrarían un poco de paz.

Porque en el fondo creo se trata de eso.

Encontrar un poco de paz en el infierno del dolor de no ver crecer a sus hijas.

Tremendo.

Y tremendo es que desde el Poder Judicial aún no hayan dado respuesta.





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